Tuesday, June 17, 2008

MARKETING VIRAL

Que el marketing se basa en varios aspectos en la mentira es una verdad de Perogrullo. Y ahora Internet ha puesto de moda una mentira quintaesencial bautizada con el temible nombre de «marketing viral», que consiste en utilizar las redes sociales de la red y ese impulso tan gregario de opinar sobre todo, de quejarnos sobre casi todo. Así, si una persona desarrolla un software y lo pone en una página de internet, no tardarán en aparecer opiniones a favor o en contra, y de la misma manera, hay cada vez más páginas en las que podemos opinar sobre productos y servicios. Pero resulta que muchas de esas opiniones son o bien de la empresa que fabrica el producto, y lo pone por las nubes, o bien de la competencia, que lo arrastra por el fango de la ignominia; todo en el más estricto anonimato, haciéndose pasar por «usuarios» desinteresados.

Además de que esta técnica es antiética, bastante asquerosa y, en el caso de los ataques a la competencia, representa un profundo desprecio por los límites a los que –más o menos— se somete la publicidad en el mundo no virtual, esta variante vírica del marketing pone en escena otra cuestión más interesante. Lo que da credibilidad a una opinión en esos foros es precisamente ese anonimato, esa condición de persona de la calle sin ningún interés particular ni acciones en la empresa en cuestión. Las empresas, a través del marketing viral, disimulan su personalidad, se metamorfosean en seres anónimos, sin origen, puros emisores de opinión. Para ello llegan a escribir mal, por ejemplo, o a deslizar alguna reserva (para fingir cierta “imparcialidad”). Como una ampliación explosiva de aquellos anuncios de TV con “gente real”, este marketing trapero descubre otra característica de la web 2.0: un afán por la despersonalización y el anonimato, inquietantemente similar a las más famosas distopías.

Publicado originalmente en la fenecida sección INTERNET del suplemento cultural ABCD.

1 comment:

Palbo said...

El gato estaba en el sillón, durmiendo, con la cabeza para abajo como siempre, en esa posición que me hace pensar que sabe lo que es una anteflexión y que apoya su cabeza contra el suelo para estirar su columna.